miércoles, 5 de abril de 2017

Una jovencita de 25 años edita una antología de fantasía oscura

Opinión impopular: mi escritorio siempre está ordenado.
Yep. Hace un par de días anuncié en Twitter que Carlinga Ediciones y yo estamos editando una antología de fantasía oscura. Hasta hace bien poco siempre me había tocado estar al otro lado de la barrera, escribiendo y esperando el veredicto, y ahora soy yo la encargada de guiar a los demás en el desarrollo del compendio. Si algo teníamos claro desde el principio es que la antología recogerá escritores y escritoras noveles en estadios diferentes: algunos publican su primer relato aquí, otros tienen una buena bibliografía a sus espaldas y el proyecto les ha interesado tanto como para participar; cada uno es bienvenido tal y como es porque cada uno tiene una historia que contar. Al menos, digamos, en teoría. Me apetecía poner por escrito lo que voy aprendiendo.

Editar es... difícil

ATENCIÓN. La primera obviedad en la frente. Pero se hace aún más cierto conforme avanza el proyecto. Mi intención aquí es y será guiar a los demás desde la recepción de ideas hasta el producto final y la posventa a fin de que las ganancias de los autores sean algo más que para pipas. Y me vale con un juego de Steam en rebajas. Ahora en serio: lo que de verdad quiero es que la antología sea a gusto de los que escriben en ella. Me viene a la memoria la anécdota de una autora cuya primera incursión editorial fue de lo más amarga por temas organizativos y legales. Si una lleva años con ganas de publicar algo y cuando tiene realmente la oportunidad de hacerlo el resultado deja mucho que desear, ¿para qué narices querrá intentarlo otra vez? Y atención: no hablo de seguir escribiendo, hablo de publicar. Son dos temas bien distintos. Quizá sea una afirmación atrevida, pero allá va: el editor edita mejor cuando antes ha sido escritor. Más fácil: el editor solo conoce las necesidades del escritor cuando ha estado en su situación previamente. Una mezcla entre empatía y empirismo. Al menos desde mi experiencia.

Una antología de fantasía oscura está lejos de mi zona de confort. Se podría decir que está a un salto del acantilado de distancia. Me he documentado, he leído, he reposado la información, y solo después de esto me he atrevido a explicar a los autores qué estamos buscando José (el editor de Carlinga) y yo. La idea del compendio gira en torno a reivindicar la mitología y el folclore español a través de historias de fantasía oscura clásicas y contemporáneas por igual; no tanto retellings de leyendas conocidas sino profundizar en ellas y crear relatos partiendo de su legado. Algunos autores se sentían más cómodos explorando el género en el pasado y otros en el presente. Creo que editar implica tener claro un objetivo y ser flexible acerca de cómo llegar a él, adaptarse a las circunstancias y a quienes escriben para que el resultado final sea, como mínimo, digno de una lectura de domingo por la tarde. ¿Suena idílico? Sí. ¿Lo es? A veces. Pero quien no aspire a ello ni siquiera conseguirá estar cerca de un trabajo bien hecho.

La responsabilidad artística existe

En el intenso email de presentación que envié a los autores declaré que esta es una antología feminista. Lo que ocurrió a continuación te sorprenderá: los autores, hombres y mujeres, dijeron que vale. Que claro, que ¿cómo no? Y es un buen primer paso a la hora de montar los cimientos de lo que vendrá más adelante. El problema radica en que el machismo es invisible a los ojos y todos y todas lo plasmamos sin excepción si no prestamos atención a los detalles. Sé que es difícil de tragar, que a mí también me han venido con esas y me han dejado muertísima en la bañera. Asumirlo, en cambio, es un punto de partida. Esta antología no se abandera como feminista sino que simplemente debe serlo por la responsabilidad artística inherente a la literatura. No hay más. Quien escribe tiene una intención y puede dejar huella en el lector, y debería, creo, espero, ser coherente con el contenido que produce. No me gustan las personas que escriben y se lavan las manos. No. Todo acto tiene su consecuencia. Escribir, más.

Me he comprometido a dar feedback constante a los autores. En la fase de propuestas (en la que los autores nos envían un resumen de lo que quieren escribir; lo hemos hecho para que no haya ochenta relatos sobre meigas, cincuenta de fantasmas y tres de vampiros, pero este es solo un apunte sobre la organización) hemos recibido planteamientos muy interesantes, así que por ese lado no puedo estar más satisfecha (porque significa que me expliqué bien en el email sobre el género, que era mi mayor temor...). Por otro, evaluamos con lupa que los relatos sean feministas, es decir, que buscamos eliminar móviles innecesarios como muertes o violaciones de mujeres que solo sirven para desencadenar puntos clave de la trama. Ese es un ejemplo. También buscamos la mayor diversidad racial posible. ¿Esto significa que ahora tenemos que tener personajes de todo tipo, altos, bajos, gordos, autistas, de etnias distintas? No y sí. Haz lo que creas conveniente porque cualquier opción tendrá repercusiones en los demás. Responsabilidad artística, ya lo he dicho antes. ¿Esto significa que será una antología políticamente correcta? No. Significa que será una antología verdaderamente inclusiva, y ya está. Probablemente se nos escapen micromachismos o situaciones que quizá otras personas detectarían de un plumazo; lo que está claro es que afinaremos al máximo para que no ocurra.
Por alguna razón Shutterstock cree que este es un sitio ideal para escribir.
Un buen autor escucha al editor, y un buen editor hace exactamente lo mismo. La conversación es una parte fundamental del proceso, además de enriquecedora debido al bagaje individual y emocional que imprimimos en él. Como escritora me habría gustado que me trataran con franqueza cuando algo no está al nivel esperado. También, que el editor se hubiera detenido a trabajar conmigo si veía potencial. Porque esa es otra: editor y autor establecen una relación horizontal. El editor trabaja con el autor. Ninguno está en una posición de autoridad, si acaso de consejo o recomendación, pero en ningún caso serán órdenes ni últimatums.

Sobra decir que estoy encantadísima con editar. Es una de mis pasiones (insertar meme: "el diseño gráfico es mi pasión") junto a comer, pagar las facturas del mes, jugar a videojuegos, practicar kendo y disfrutar de mis personas preferidas. Soy consciente de que lo escrito más arriba no es la piedra de Rosetta de la edición ni mucho menos, pero creo que compartir lo que sucede entre bambalinas ayuda a generar más empatía en un sector suficientemente castigado por la economía y por las modas del momento.

lunes, 27 de marzo de 2017

Jotun: El Vacío antes que la muerte

Los jotun tienen... malas pulgas.
“¿Cómo de grande es el pájaro que se posa sobre Yggdrasil?” se pregunta Thora mientras recorre el árbol que da vida al mundo; Vedrfolnir, el Halcón, vigila sus movimientos sentado entre los ojos de un águila sin nombre. La batalla contra los jotun, temibles gigantes elementales que dominan El Vacío, está próxima a su fin, y solo los dioses dictarán si Thora, la Vikinga, es digna del descanso eterno en el Valhalla.

Jotun, desarrollado por Thunder Lotus, es en sí mismo es una obra de arte, primero por sus gráficos pintados a mano (cada movimiento, cada paisaje), segundo por la historia que se desgrana a medida que completamos los niveles. La mecánica, sencilla, complementa al resto de elementos. No estorba y permite al jugador dejarse llevar por los escenarios. Opinión personal e intransferible: me parecía importante decir esto porque muchísimos juegos pecan de muchos comandos o muy complicados de recordar a priori, quitando protagonismo a la ambientación o ralentizando la inmersión en la atmósfera de juego.

Si tuviera que definir con una palabra a Thora, sería esta: implacable. Con los años he madurado cierto escepticismo que intenta boicotearme cada libro o cada juego que disfruto diciéndome cosas como: “no es para tanto”, “sí, eso está genial, ¿pero te has fijado en la falta de representación?”, “oh, vaya, otro Personaje Femenino ™ claramente desarrollado por un hombre que parece que no ha conocido una mujer en su vida…” y poco a poco la excitación inicial por un producto sorprendente se convierte en resignación disfrutable.
Bonito, LO SÉ.
Pues bien: ¡con Jotun no es así! ¿Por dónde empiezo? ¿Por la banda sonora? ¿Por su protagonista? Thora es una vikinga de los pies a la cabeza. Reconoces en ella el tesón del que tanto nos han hablado las leyendas nórdicas; en su forma de contar el conflicto central de su historia subyace una fortaleza que imprime aún más fuerza a sus acciones, y por tanto, a las nuestras; su corpulencia física, las capas de pieles unas encima de otras y el hacha (¡qué hacha!) la convierten en una mujer fielmente representada a su pueblo. Puede que llegue un momento en que no haga falta decir que tal personaje está bien hecho, pero todavía no ha llegado.

No quiero desvelar nada de los jotun, así que solo diré que cada uno está asociado a una runa y que las runas tienen un significado íntimamente relacionado con la clase de batalla a la que tendremos que enfrentarnos. Hablo, claro está, de matices, porque si estoy enamorada de Jotun es por los pequeños detalles; no esperéis grandes acertijos ni un Dark Souls de la vida. Algunas queremos llegar a viejas.

Es que es alucinante.
Jugadlo. De verdad. La delicadeza narrativa de Jotun ha despertado en mí un interés por los héroes nórdicos que antes no existía, y solo por eso quiero dar las gracias al equipo de Thunder Lotus. Uno nunca sabe cuánto inspira a los demás.

martes, 31 de enero de 2017

¡La zona de confort es real!

Esta es mi zona de confort ideal. Fuente.
Mis dos últimas lecturas me han alejado de mi zona de confort lectora, la fantasía y la ciencia ficción. Ocurrió naturalmente: cuando me quise dar cuenta estaba en el segundo capítulo de Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson, y en cuanto lo acabé me vi como una autómata yendo a buscar La maldición de Hill House, que también me ha flipado. La verdad es que 2016 fue un año aceptable en cuanto a lecturas, aceptable y nada más, porque acabé cansadísima de leer sinopsis parecidas entre sí, historias que me recordaban a otras y esas otras a otras más, personajes que me daba igual cómo se llamaran porque no conseguía conectar con ellos, etcétera. Todo esto lleva a una a pensar que el problema está dentro y no fuera. Así que lo primero que he hecho en 2017 es leer libros que hace un año no me habrían llamado la atención, que viene a ser mi Razón de Peso. Pasaba con el terror, con la novela histórica, con la romántica..., en fin, que tenía muchas puertas cerradas.

Del terror de Shirley Jackson he aprendido que la ambientación es capaz de sostener cualquier giro de guion conocido por el lector avezado. Piensa: los fantasmas de este libro querrán asustarme. Pero ¿y si lo que te inquieta realmente es todo lo demás? Las olas de oscuridad ascendiendo a medida que los personajes suben las escaleras hacia sus habitaciones, o, sin ir más lejos, la presentación de Hill House, que a mí me envaró en el sofá:
Ningún organismo vivo puede mantenerse cuerdo durante mucho tiempo en unas condiciones de realidad absoluta; incluso las alondras y las chicharras, suponen algunos, sueñan. Hill House, nada cuerda, se alzaba en soledad frente a las colinas, acumulando oscuridad en su interior; llevaba así ochenta años y así podría haber seguido otros ochenta más. En su interior, las paredes mantenían su verticalidad, los ladrillos se entrelazaban limpiamente, los suelos aguantaban firmes y las puertas permanecían cuidadosamente cerradas; el silencio empujaba incansable contra la madera y la piedra de Hill House, y lo que fuera que caminase allí, caminaba solo.
Al primer contacto visual con la casa, Eleanor, una de las protagonistas, piensa: es una casa vil. Espero que nadie me mire de ese modo; precisamente de ese modo quiero influir en el lector, trabajando su orientación en el escenario para que se familiarice con cada esquina y cada gesto de los personajes. El resto viene solo. Y, bueno, opinión personal e intransferible ahora: esta clase de ambientaciones (oscuras y opresivas, pero también drásticas) no son tan frecuentes en los mundos fantásticos. No me refiero al terror psicológico, sino a la capacidad del que escribe para mostrar las imágenes de su cabeza. Yo tengo un problema con la exposición, y es que soy impaciente. Enseguida quiero ir a la acción. Prefiero detenerme poco tiempo en los paisajes o en las emociones. Es mi talón de Aquiles (bueno, uno de tantos). Por eso he llegado a la conclusión de que necesito leer más libros donde la exposición forme parte de la exploración tanto fuera como dentro del personaje, y asiente las bases de la historia que quiero contar. Dicho así, hasta parece fácil.

Además, he abierto la veda a otro terreno virgen para mí: ¡los cómics! Ya empecé con El castillo de las estrellas, de Alex Alice y con La línea del tiempo: un viaje por la historia, de Peter Goes (que no es exactamente un cómic a decir verdad). El domingo arrasé mi cartera y compré Paper Girls (I y II) de Brian K. Vaughann y Leñadoras, de Noelle Stevenson. De momento estoy acertando. Se aceptan recomendaciones de lo que queráis. ¿Qué me gusta? Una historia divertida, seria o graciosa, que os haya encantado. Si además tiene un elenco protagonista bien construido, estoy dentro.
Por si he sido poco efusiva: ¡compradlos! ¡Están genial!

jueves, 17 de noviembre de 2016

Heredero del invierno, de Mariela González

Empecé pensando que la novela que tenía entre las manos era un déjà vu de otras tantas historias con una sinopsis general sobre ladrones: está bien, me gusta, es entretenido. Sin más. Por si fuera poco, después de muchas lecturas de ciencia ficción, el contraste con el estilo de la autora me dejó más de una vez pensando si me gustaba o no. Spoiler: ¡sí! ¡Y mucho! Gracias mil a la editorial por el ejemplar.
La noche del golpe que tan cuidadosamente habían planeado cambiaría sus vidas para siempre. Aunque Llyra, con toda su experiencia como miembro de la hermandad de los ladrones, nunca hubiese imaginado hasta qué punto. Una frenética huida, una violenta emboscada y la aparición inesperada de un huraño encapuchado serán solo el principio de un viaje que la llevará al territorio de las leyendas, y a recuperar lo que creía perdido de su propio pasado.
De Heredero del invierno me gustaría destacar a los personajes, el estilo y la ambientación. Llyra y La Sombra, los protagonistas, se desarrollan a medida que los acontecimientos les obligan a cuestionar sus actos continuamente. Sus demonios personales, su equipaje a la espalda, condicionan la forma de relacionarse entre ellos. La autora plantea dudas morales y cambios de planes que si bien a veces no tenía muy claro a dónde se dirigían y por qué, tienen un efecto positivo en la trama. Como lectora he disfrutado bastante, sobre todo las pequeñas apariciones de Delsar. Ya sabréis por qué.

Esta evolución amable y coherente se sitúa en un mundo medieval de corte fantástico en el que la Magia (con mayúscula) no es algo frecuente, o al menos esa es la sensación que me dio a mí; los Magos existen más allá de las convenciones sociales a las que los ciudadanos de a pie y ladronzuelos están acostumbrados. Y… no quiero entrar en detalles por miedo a spoilers, así que imaginad un tríptico: la ambientación se despliega suavemente y la información aparece en el momento preciso en que el lector la necesita. La inmersión, por tanto, es buena, pero no lo sería tanto sin una narrativa que la acompañe.
Poco a poco se advirtieron en la lontananza las siluetas de un grupo de enormes árboles. Eran muy superiores en altura y grosor a todos los que hubieran visto hasta entonces. Cuanto más se aproximaban más se convencían los dos extranjeros de que no podrían ver un prodigio semejante en ningún lugar de las tierras exteriores. Llegaron por fin junto a uno de ellos: ejemplares de color marrón oscuro, recios, imponentes. Para abarcar su tronco harían falta al menos diez hombres. Las ramas, intrincadas como los ensortijados cabellos de un gigante, conformaban un amplio techo sobre sus cabezas, más allá de donde alcanzaba su vista.
Como dije antes, el estilo de Mariela González me dejó indecisa durante unas páginas, quizás porque llevaba una racha de libros con descripciones directas o poco introspectivas (ideales para lo que leía en ese momento). En Heredero del invierno, la autora se detiene a contemplar matices que enriquecen los paisajes, gestos que colorean aún más el relieve de los personajes y las razas. Las escenas de acción son muy dinámicas; los movimientos, precisos. Mientras escribo esta reseña la propia autora me ha contado que practica kenjutsu e iaido. ¡Ahora lo entiendo todo!

Cosas que he echado en falta: un mapa y mayor claridad. El mapa, por razones obvias, y es que me habría ubicado mejor por el camino que van recorriendo, aunque sea general. Con mayor claridad me refiero a que, sí, la Sombra se enfrenta a un cambio radical en su vida y no tiene ni idea de lo que debe hacer o incluso de cómo sentirse y la autora lo transmite perfectamente, pero al mismo tiempo me he sentido un poco veleta, leyendo sus aventuras según donde les marque el viento. Luego, cuando consiguen centrarse, el resto va sobre ruedas.
En aquellos tiempos nadie podía ser juzgado por su apariencia. Jóvenes imberbes resultaban ser poderosos hechiceros. Soldados con pinta de simio acometían hazaás. Compañeros que habían prometido lealtad de por vida rompían el juramento por un puñado de joyas, y leyendas infantiles aparecían vivas en la noche.
Heredero del invierno es, ante todo, una novela de personajes. Enseguida se saben el pilar argumental y en torno a ellos se arremolina un destino que les trae nubes de tormenta. Supongo que por eso Mariela González los ha descrito con tanto mimo. Ellos, sumado a un estilo colorido, dan como resultado una historia de ladrones que se desliga bastante de su género y de sus lugares comunes. Y por si fuera poco, puede existir un medievo sin una sola referencia sexista. ¿Algo más? Sí: que siga escribiendo.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

“La magia conecta con el inconsciente y el mundo creativo”

Todos juntos. :) Foto de la editorial.
El pasado 27 de octubre tuvo lugar el Encuentro con Ana Alonso y Chiki Fabregat en la Escuela de Escritores de Madrid con motivo de la publicación de las novelas La Puerta del Dragón y Me llamo Zoila, respectivamente, editadas por Edebé. La presentación recogió a no más de veinte aficionados a la literatura juvenil, que escucharon atentamente a las autoras hacer un recorrido por la génesis de sus obras.
Ella no ha pedido ser lo que es ni tener esas orejas. No ha pedido el poder de causar la muerte o curar heridas solo con el pensamiento, casi sin darse cuenta, ni leer la mente de otras personas, aunque hacerlo pueda facilitarle la vida. Su madre murió sin que los elfos hicieran nada para evitarlo y su padre humano los abandonó, a ella, y a su hermano mellizo. Solo su abuela, que los acogió como a sus hijos, se ha preocupado por formar una familia en la que hasta ahora han sido felices los tres.  Zoila tiene dieciséis años y le gustaría seguir yendo al instituto, preocuparse por los exámenes o mentir a su abuela para salir con un chico y volver un poco más tarde… Pero desearlo no es suficiente.

Chiki Fabregat fue la primera en hablar de Me llamo Zoila, primer volumen de una trilogía que explora la vida de una joven mitad elfa y humana que lucha por conciliar sus raíces. Esta trilogía fue concebida como un proceso individual que se separó después en varias novelas. “Me apetecía jugar con extensiones cortas. […] Sobre todo de cara a los lectores jóvenes, que parece que si no leen un tocho de 700 páginas, no leen nada”. Tampoco se paró a pensar en etiquetas. Cuando le preguntaron si consideraba Me llamo Zoila literatura fantástica, Fabregat respondió que solo quería contar la historia de dos hermanos. El mestizaje vino después: “En el metro, una niña me preguntó por qué llevaba el pelo verde. Le contesté que mi madre era elfa, y sin querer, empecé a construir la novela”. Ya sabéis: cualquier anécdota puede disparar la creatividad.

Marc y Lisa se esforzarán juntos por mantener abierta la Puerta del Dragón y por preservar el legado de Dana, en una aventura que los llevará a enamorarse el uno del otro y a correr grandes riesgos para mantenerse unidos cuando todo a su alrededor conspira para separarlos.
¡SUS MUNDOS NUNCA DEBERÍAN HABERSE ENCONTRADO! Una novela de acción que recorre una Barcelona oculta que nunca olvidarás.
La Puerta del Dragón tiene un corte de fantasía urbana donde la ciudad comparte protagonismo con los personajes que caminan por ella. Ana Alonso y Javier Pelegrín extrajeron la premisa clásica de los cuentos maravillosos europeos y la reinterpretaron para tejer una trama que hiciera brillar el alma mágica de la ciudad, en este caso, Barcelona. “La magia conecta con el inconsciente y el mundo creativo”. Cada novela es autoconclusiva y contará la historia de una ciudad diferente. La autora nos adelantó que la próxima puerta se hallaba nada menos que en Los Ángeles.

En la ronda de preguntas tuve la oportunidad de preguntarles cuáles habían sido sus últimas lecturas. Ana Alonso acababa de terminar Con pólvora y magnolias de Xosé Luís Méndez Ferrín, y Chiki Fabregat, La Reina de Cristal, del tándem Ana Alonso y Javier Pelegrín. Al final se animaron a firmar los ejemplares cedidos por la editorial... y descubrí que ambas son zurdas. Un detalle tonto, lo sé, ¡pero no puedo evitar que me llame la atención! Terrible. El caso: hace muchísimo que no leo literatura juvenil. Esta parece una buena oportunidad para retomarlo. En algún momento volveré para contaros qué me han parecido, y si las habéis leído, compartimos nuestras impresiones.

martes, 25 de octubre de 2016

Irene Robles: "Si no se promocionan autoras de ciencia ficción, nadie apostará por ellas"

Fuente.
Irene Robles publicó su primera novela con veintidós años y desde entonces no ha parado. Sí, sí, has leído bien. Alicantina y graduada en Interpretación y Traducción de Alemán, esta escritora destaca también por trasladar la sencillez con la que habla a sus historias. Le encantan las novelas de misterio, fantasía y ciencia ficción, género bajo el que ampara sus novelas Último tren a la Tierra y La noche perpetua, editadas por Círculo Rojo. Es secretaria de la Asociación Literaria y Cultural Escritores en su Tinta, cuyo objetivo es promover obras de autores alicantinos.

¿Qué es la ciencia ficción?
La ciencia ficción es un género que trata de avances de la ciencia y la tecnología que cambiarán significativamente la sociedad y su forma de ver el mundo.
Considero ciencia ficción tanto una historia que transcurre en varios planetas (La Fundación de Isaac Asimov, El juego de Ender de Orson Scott Card o Star Wars de George Lucas) como obras que buscan en el interior del ser humano, en su relación con la inteligencia artificial que ellos mismos han creado, o aquellas en las que el pasado prevalece sobre un futuro incierto (Un viaje alucinante de Isaac Asimov, Matrix de los hermanos Wachowski o El libro del día del juicio final de Connie Willis). En algunos casos, ha llegado a ser un género predictivo.

Fuiste la segunda autora más vendida de la 3ª Feria de Autores Escritores en su Tinta. ¿Qué tipo de lectores se llevaron tus libros?
Desde amantes de la ciencia ficción que decidieron darme una oportunidad hasta lectores que no se habían sentido atraídos por este género. Quizá vieron en mis libros una forma amena de empezar, especialmente gente muy joven, incluso niños.

¿Es posible que el público se interesara por un género lejos de lo convencional, pero sin carga científica?
Pienso que sí. Mis historias son bastante sencillas de leer, no demasiado extensas y sin tecnicismos.

Aun así, ¿por qué crees que el lector de a pie sigue mirándolo con recelo?
Todavía se considera algo complicado. Me he encontrado con gente que ni siquiera me ha permitido contarles de qué iban los libros porque ya tenían una idea preconcebida de la ciencia ficción.

En la charla-coloquio de Ciencia Ficción en la Feria de Autores te preguntaron si existen diferencias entre escritoras y escritores. ¿Comprarías un libro u otro en función del género del autor?
En su momento respondí que no encontraba diferencias significativas, pero aún no había terminado el primer libro que cogí de una autora de ciencia ficción, El libro del día del juicio final de Connie Willis. Ahora digo que sí, hay diferencias. El hecho de ser hombre o mujer influye en la manera de ver el mundo, así como en la época que le ha tocado vivir.
A la hora de leer nunca me fijo en si el autor es hombre o mujer, sino en el título, en la portada y sobre todo en la sinopsis. Aunque sí que es cierto que los dos libros de ciencia ficción escritos por mujeres que quise leer con especial interés (el anteriormente citado y La mano izquierda de la oscuridad de Úrsula K. Le Guin) únicamente los encontré por Internet.

A propósito de Connie Willis, El libro del día del juicio final obtuvo tres galardones: los Nébula en 1992, Locus y Hugo en 1993. También fueron nominadas Ursula Le Guin, Lois McMaster Bujold, C. J. Cherryh, Pat Cadigan, por ejemplo, y sin embargo, muchas de sus obras siguen a la espera de una traducción al español. En otras palabras: se premia a las autoras, pero seguimos viendo una mayoría de autores masculinos en las librerías. ¿Qué necesita una mujer para ser realmente conocida en el género?
Más promoción. Ganar los premios Nébula, Locus y Hugo supone un gran reconocimiento para un autor, especialmente porque cada uno de estos premios los dan diferentes colectivos: la asociación de escritores norteamericanos de ciencia ficción, los miembros de la WorldCon y lectores de ciencia ficción.

¿Y para ser publicada en España?
Si nadie conoce a estas autoras fuera de sus países de origen, no se les da importancia o no se las promociona, raramente se traducirán sus obras y se apostará por ellas en el extranjero. El mundo editorial es un negocio. Nadie va a apostar por algo que en un principio no tendría salida. La literatura no es como el cine o la música, no es tan sencillo llegar a un público masivo.
Fuente.
¿Cuál es tu autor preferido?
Es difícil decir solo uno. Me encanta Isaac Asimov, nunca deja de sorprenderme. Con Laura Gallego y J. K. Rowling aprendí a leer en serio, a engancharme a un libro. Molly Moon y el increíble libro del hipnotismo, de Georgia Byng, fue primer libro de fantasía que leí, con diez años.

Ahora toca el turno de los libros favoritos.
Podría decir De la Tierra a la Luna de Julio Verne, Hyperion y La caída de Hyperion de Dan Simmnos, La Fundación de Isaac Asimov, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y Ubik de Philip K. Dick, Pórtico de Frederik Pohl, La rebelión de Atlas de Ayn Rand, la serie de Harry Potter de J. K. Rowling, Frankenstein de Mary Shelley o La larga marcha de Stephen King.

Y al revés: ¿qué libros has abandonado?
De pequeña nunca fui capaz de leer más de dos páginas de Manolito Gafotas, de Elvira Lindo. Tampoco pude con La casa de los espíritus, de Isabel Allende. Aunque a veces descubres grandes autores e historias por las recomendaciones en el colegio, no me gusta leer por obligación.
En ciencia ficción abandoné Marte Rojo, de Kim Stanley Robinson. Me da rabia no terminarme un libro, pero pienso que si no le estoy prestando la atención suficiente, no merece la pena perder el tiempo. Hay un momento para cada libro.

En una de las presentaciones de tu primera novela, Último tren a la Tierra, comentabas que la ciencia ficción te permite hablar del pasado y del futuro e inventarte lo que quieras de manera sencilla. ¿No es un género complicado precisamente por su base científica?
Es complicado si la base científica es una parte fundamental de la historia. Julio Verne, Kim Stanely Robinson o Isaac Asimov dan detalles que posiblemente serían correctos o se acercarían mucho. Mi intención es otra: crear una historia con la que pasar un rato agradable. Tengo claro que escribo ciencia ficción, pero sobre todo ficción.

¿Notas tu evolución como autora de la primera novela a la segunda, La noche perpetua?
Sí. Último tren a la Tierra es especial por haber sido la primera que publiqué, pero he aprendido mucho de los errores que cometí. Las críticas de los lectores muy valiosas. No hay que dejarlas pasar. En La noche perpetua he tratado de mejorar la narración, las descripciones y el desarrollo de la historia. Hay que contar lo que uno quiere sin obsesionarse por la perfección, porque entonces la historia deja de ser lo que era.

Último tren a la Tierra fue tu primera publicación, pero ¿fue la primera historia que escribiste? 
No, escribí una novela antes que tengo guardada. La empecé a escribir con 13 o 14 años.

¿De qué iba?
Sin ni siquiera saberlo ya era una historia de ciencia ficción. La protagonista se veía envuelta en la desaparición de su padre y empezaba a descubrir todo lo que había detrás y quienes podían ser los responsables. Había un componente de misterio y el hecho de que todos nuestros actos tienen una explicación se veía claramente con los viajes en el tiempo. Puede que algún día la retome.

¿Podemos saber algo de tus futuros proyectos?
Mi tercera novela dará un paso más en el universo que ya comenzó con Último tren a la Tierra y La noche perpetua. Tengo intención de publicarla el año que viene. También me gustaría publicar un cuento con ilustraciones para acercar la ciencia ficción de una forma clara, atractiva y con enseñanzas. Además, la segunda edición de La noche perpetua saldrá publicada pronto. Existe otro proyecto en el que participaré, pero de momento no quiero desvelar más porque somos muchos trabajando en ello.

Una última pregunta: ¿Qué libro estás leyendo ahora mismo (o cuál fue el último que has leído, si justo acabas de terminar uno)?
Mi última lectura fue La Saga de los Heechee, formada por Pórtico, Tras el incierto horizonte, El encuentro y Los anales de los Heechee de Frederik Pohl. Antes de estos leí El Alquimista, de Paulo Coelho.

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Información de interés

Sinopsis de Último tren a la Tierra
Sinopsis de La noche perpetua
La autora: Página oficial de Irene Robles
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Si no os sonaba su nombre, espero que ahora tengáis un poco de curiosidad por saber cómo se escribe la ciencia ficción en Alicante. Toda difusión es poca ♥