viernes, 30 de septiembre de 2011

La documentación (I): primeros pasos


Hola y bienvenidos a esta nueva sección. «Cosas de escritores» nació hace mucho tiempo en mi cabeza gracias a los tweets con el hastag #cosasdeescritores, que cuentan muchas anécdotas divertidas acerca del arte y suplicio de escribir. Como única advertencia antes de empezar, deciros que voy a pasármelo bien con esta sección (o sea que nada de broncas), e intentaré que vosotros también. Así pues, y que esto sirva de introducción, hoy quiero hablaros de los first steps a la hora de plantear una novela: la documentación.

Documentación, dice la RAE, es la acción y efecto de documentar. O si preferís la versión larga, documento o conjunto de documentos, preferentemente de carácter oficial, que sirven para la identificación personal o para documentar o acreditar algo. Más allá de lo puramente formal, ya que no sé hasta qué punto podríamos relacionar esta segunda definición con la escritura, pasemos al ámbito literario. 

La documentación es imprescindible para los cimientos de nuestra historia. Es tan obligatorio como lavarse los dientes después de cada comida. Debemos indagar, estudiar, absorber el entorno que rodeará a los personajes. Es lo que da vida a la trama, lo que la construye. Las mejores novelas no se consiguen mirando tres horas en la Wikipedia, sino escarbando en la biblioteca, y si la economía nos lo permite (que va a ser que no), visitar el lugar de los hechos. 

Este trabajo puede durarnos meses, y encima no servir para nada. Porque en fin, puede que te dé el venazo y de golpe abandones la historia o decidas que es mejor en otro sitio. ¿A quién no le ha pasado? Pero esto, escritores, en realidad no importa. Lo peliagudo del asunto es que si algún día decides retomar la novela, la información esté organizada de tal forma que ayude a refrescar la memoria. No vale eso de leer mil cosas sobre la Guerra Fría y después olvidarse del tema. Esto no es un examen. No tienes por qué aprenderte las cosas de memoria justo para la ocasión y después olvidarlo. 

Ah, y ojo: no se trata de vomitar información. Ambientamos suavemente. Vamos desglosando el contexto de tal forma que parezca que nos hemos entretenido un montón con ello, y no que nos hemos aburrido soberanamente. Puede pasarte como a mí y que no disfrutes demasiado estudiando o leyendo historia. Es comprensible (aunque muchos dicen que no), pero precisamente por ello tienes que prestarle más atención. Piensa que si no te documentas bien, te va a salir un churro

Que yo sé que el gusanillo de las nuevas historias es difícil de resistir, pero si empezamos a escribir sin saber de lo que estamos hablando, evidentemente no vamos a decir nada.

viernes, 16 de septiembre de 2011

En el corazón del sueño, de Carmen Pacheco



Título: En el corazón del sueño
Autora: Carmen Pacheco
Editorial: SM
Páginas: 384
ISBN: 9788467548174

El mundo de los sueños es la única vía de escape de Celeste. Con solo pensarlo puede reconstruir su vida y dejar atrás todos los fantasmas que la persiguen cuando está despierta. Allí es ella misma; pero la realidad reaparece cada mañana y, amparada desde primera hora por su adicción al hachís, debe levantarse para ir a clase. Vive sola, enamorada de las creaciones de su subconsciente, de Él. Si no fuera por Mónica, Lucas y Jonás perdería su conexión con el mundo real. Por suerte comparten con Celeste algo más que una extraña amistad: también son soñadores lúcidos. Cuando una misteriosa pesadilla asola los sueños de toda la ciudad, los cuatro deberán llegar hasta el corazón del sueño para erradicarla. 

A caballo entre la realidad y el sueño es como se presenta la nueva novela de Carmen Pacheco, conocida por ser finalista en el Barco de Vapor con Tres veces la mujer de gris y colaborar en la revista Redes para la Ciencia. En el corazón del sueño posee tintes misteriosos e investigación a raudales, donde cada personaje tiene dos funciones: la suya propia en la historia y la de ayudar, a su manera, a la protagonista. Y es que Celeste tiene un pasado complicado, heridas que con el paso del tiempo continúan sangrando y que tendrá que cerrar para poder avanzar en su vida.

Con Tres veces la mujer de gris comprobamos que Pacheco se defiende con soltura en el terreno juvenil, pero una de las peculiaridades que me veo obligada a resaltar es el cambio de tiempos —y de tipografías— entre ambas realidades. Este sistema, además de ubicar al lector, exprimirá al máximo el jugo de la trama.
En el corazón del sueño tiene todos los ingredientes necesarios para disfrutar de una historia que habla de enfrentarse a nuestros propios miedos, pero sobre todo, del valor que supone dejarse ayudar.

martes, 13 de septiembre de 2011

Sobre monstruos


Summermag

¿Alguna vez tuviste tanto miedo que deseaste volver a la cama y no levantarte jamás? Una vocecilla allá, en una de las esquinas de tu mente, asiente sin hacer ruido. No tengas miedo de reconocerlo. Todos hemos sentido eso que nos entumece y nos debilita.
Desnudos en la intemperie, gritando o rodeados de gente. ¿Qué puedes hacer cuando tienes tanto miedo que «ojalá no fuera real»?
Pasa y siéntate sin hacer ruido. Debe quedarte claro antes de todo que yo también me dejo llevar por el miedo. No es que me asuste el lado oculto de la vida, sino que también lo más corriente, cualquier error que cometí en el pasado y no quiero ver en mi futuro. Este es el principal error: preocuparse en exceso te dará miedo en exceso. Y miedo has de tener el justo para conocer el valor de lo que tomas y dejas en su lugar.
«Es fácil decirlo» y muy difícil encontrar la calma. No me pilla de sorpresa, y no tengo nada guardado que pueda convencerte. No existe un bálsamo inmediato, ni siquiera una píldora que haga desaparecer tus fantasmas.
¿Pero sabes? Sé que se puede lograr. A veces, cuando tengo miedo, reúno algo de paz y retrocedo en el tiempo. Contemplo una alternativa y lucho contra el miedo, que es el causante de que no pueda vivir la vida que me pertenece.  
No es la cura, pero podría llamarlo solución.

Me llamo Ange, y estoy soñando

Desde pequeño me traslado a esta ciudad tan solitaria. Son años ya los que paseo por aquí, e inconscientemente, me propuse averiguar todo acerca de este sitio. La verdad es que nunca he visto nada vivo que no sea yo; a veces hasta los árboles parecen cartulina arrugada y reblandecida por la humedad. Muchas veces, sobre todo momentos antes de doblar una esquina, siento que alguien me está esperando al otro lado. Una súbita sensación de impaciencia, furia y ansia me invade hasta límites insospechados. O quizá, sospechosamente, hasta que descubro que nadie aguarda más allá. Después me siento frustrado y dolido, abandonado y desamparado, pero vuelven a sucederse las esquinas, y en cada esquina vuelvo a sentir ilusión, y tras la ilusión vuelve el vacío…

La Ciudadela, II

martes, 6 de septiembre de 2011

No hay palabras para cercar el dolor, ni tiempo que cure su herida.


Cuando el cementerio se halló el silencio, una joven se acercó y se agachó frente a la lápida. No traía flores ni regalos, solo una indescriptible sensación de vacío que le atenazaba el pecho. Quiso decir algo como que lo sentía mucho, que apenas la conocía y que aunque no recordara ni un momento con ella, lo lamentaba mucho. Muchísimo. Ella misma ignoraba que el impacto hubiera sido tan grande.
No había asistido al funeral ni en la misa. Le parecía una falta de respeto estar allí junto a todas esas personas que sí la habían conocido, que habían reído y llorado con ella y que habían hilado un lazo mucho más fuerte que el suyo. Se imaginó yendo sola al cementerio y dedicándole unos minutos de su intimidad. Una despedida formal, pero no fría.
¿Qué plan podía tener Dios para una muchacha de diecinueve años? ¿Qué terrible mal había hecho? Sacudió la cabeza, estremeciéndose al pensar en la suerte que tenía simplemente por vivir un día más. Nunca pensó que le sucedería a alguien conocido.
Unas pisadas le sacaron de su ensimismamiento. Alicia sintió la mano de Eric en el hombro, apretando suavemente, transmitiéndole un poco de apoyo. Volvió a parecerle irónico que él, un gran amigo de Nuria, le consolara de esa manera.
Pero es que fue así, e inevitablemente Alicia lloró y no se calmó hasta que hubo algo de esa brisa ladrona de lágrimas. Se sentaron juntos al pie de la lápida, releyendo infinitas veces su nombre, recordando cada facción de su rostro. Alicia nunca había hablado con ella, pero podía dibujarla.
—Escucha, todo está bien —oyó que le decía Eric—. Sobrevivieron los demás. Algo es algo.
Alicia murmuró algo incomprensible, pero él se limitó a estrecharla entre sus brazos. La acunó suavemente.
—Vámonos, venga. Es hora de dejarle descansar.
Ambos se pusieron en pie, y Alicia entornó los ojos. La tristeza pasó a la furia, y cuando la furia se desvaneció, halló el vacío con el que había llegado.
—Es injusto, Eric, injusto. Yo nunca… tú… ha pasado tan rápido… Yo no me lo creía, y…
Eric la silenció con una triste sonrisa y le hizo dar los primeros pasos hasta el coche. Después se abandonó a la inercia (o a la voluntad de su amigo) y salieron de allí.




Esta es mi forma de decirte adiós. Es lo poco que puedo aportar, pero quiero que sepas que lo siento. Y a los lectores: siento si hay faltas o está mal escrito. Esto es lo que sale directamente del corazón, sin metáforas ni florituras.