domingo, 5 de junio de 2011

Nota al pie

Para adentrarse en la mente de alguien hay que ser un cobarde descerebrado. Y muy valiente. Así encabezo mis dos diarios, encargados de inmortalizar ideas, pensamientos, emociones… recuerdos. La esencia de lo humano, de lo salvajemente controlado; impregnada del olor de la dulzura, un rosa pálido al pasar la página.

Siempre lo digo: cuidado con espiar las mentes ajenas. No existe clemencia para las bestias incorpóreas.

Mientras la tormenta azotaba su improvisada guarida, desdobló la carta y leyó:

«Verdad, libertad y justicia. Palabras que debo evitar al hablar de mi vida. Si alguna vez creíste que las encontrarías en este mundo, ahora estarías muerto. Si, lo sé. Suena a duro, a imposible. Porque ¿qué pasó aquí? ¿Qué precedió a esta tierra oscurecida por la devastación?

Necesitaría millones de cartas como esta para explicarlo. Mira a tu alrededor—un cielo encapotado, escombros, tierra muerta—. Solo puedo decirte que fue una época oscura que precedió a la luz más brillante. ¿Acaso es necesario saber más? Todos perdimos algo y gracias a este sacrificio recuperamos lo que nos habían robado.

El papel que jugamos cada uno en la historia es personal e intransferible. Yo tuve que elegir, y me decanté por ayudar a los que vendrían. Como tú, como los que encontrarás en tu camino. Por eso, si estás leyendo estas líneas, es porque tu papel, y solamente el tuyo, es continuar nuestra ardua tarea y no dejar que el sacrificio fuera en vano.

Es hora de que construyas tu vida con lo que nosotros solo pudimos obtener en otro lugar. Dispones de todo cuanto necesites: tan sólo has de saber buscar. »