viernes, 17 de febrero de 2012

Booquo, 24symbols... los Spotifys de los libros

ILoveReadingAndWriting © tumblr
 El que no corre, vuela. Es lo que pensé cuando llegó la noticia de 24 symbols a la red, hace ya unos meses. 24 symbols es una web en la que puedes descargar e-books gratuitos legales, sobre todo clásicos y novelas de los autores que quieran promocionarse allí. Si no recuerdo mal había una opción premium, pero no estoy muy segura... y sería lo más lógico, hay que sacarle tajada a todo -de gratitud no se vive aunque nos cueste creerlo-. Total que la beta se abría en junio del año pasado y sigue tal y como está. Lo que en su momento fue una revolución en twitter, que hasta llegó a los telediarios, ahora es..., ¿qué es? ¿Nada? No hay noticias de 24symbols pero la web beta sigue en funcionamiento.

Otro ejemplo muchísimo más reciente es Booquo, otra plataforma estilo spotify con un servicio tanto audiovisual como literario. La iniciativa es de Círculo de lectores, el último en sumarse al carrito de los nuevos tiempos, y echando un vistazo a sus propiedades, reconozco que tiene buena pinta. Es decir: "barra libre" de libros y películas en streaming por diez euros, también con posibilidad de descarga por si queremos ver o leer offline. Además, tiene un espacio para que los usuarios conecten entre sí y compartan contenidos.

 Proyectos de esta naturaleza nos acercan cada vez más a la nueva realidad editorial. El otro día vi que una editorial conocida ponía sus e-books a diez euros. ¿Qué sentido tiene poner un libro digital al mismo precio que uno físico de bolsillo? Yo aún me compro libros de papel -dejo el e-reader para novelas de compañeros, clásicos y cosas de trabajo-, como seguro que hacen muchas personas, así que les va a salir el tiro por la culata. Por eso Amazon se está forrando, por eso Ediciones Babylon, Ediciones B y otras muchas editoriales ya ponen sus e-books a precios más razonables, como dos o tres euros. 

Un bloggero me comentó que si las editoriales tradicionales no se arriesgaban era porque la inversión salía de sus bolsillos y podían perder mucho; exactamente la misma razón por la cual no se arriesgan con escritores noveles. Entonces estos autores suben sus novelas a Amazon y descubren un mundo de éxito y trabajo duro sin una editorial detrás, como el caso de Amanda Hocking -omitid el espantoso titular de La Vanguardia-, y cuando la editorial  les capta y les ofrece un contrato, muchos lo rechazan, despechados, heridos, y con razón. Han hecho un jaque al modelo tradicional. Ahora mueven las editoriales. Quizás deberían arriesgarse e innovar, las pequeñas lo han hecho. Y si son editoriales grandes tienen capital para intentarlo.