jueves, 28 de marzo de 2013

No soy adicta a la lectura...


Aprovechad para leer y descansar antes de la última traca de estudios. Una servidora se va a poner al día con relatos pendientes y a remodelar ciertas secciones del blog. ¡Por cierto! ¿Qué estáis leyendo? :) Yo, La hija del alquimista de Kai Meyer.

jueves, 21 de marzo de 2013

Poesía y primavera

Popcornandpretty © tumblr
Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.

Antonio Machado

Hoy va por Coco, Eliel, China y el Abuelo, que en esta época del año siempre vuelven a mi memoria.

martes, 12 de marzo de 2013

10 cosas que un 'lectoamigo' no debe hacer

The-book-of-life © tumblr
 Lectoamigo: dícese de la persona que se relaciona con escritores. Se diferencia del "lector" porque posee un lazo emocional con el autor y más paciencia que un santo.

Cosas que un lectoamigo no debe hacer*:

1. Nunca jamás en la vida leas sus cosas sin permiso. No vale esperar a que se vaya un momento al baño para cogerle el portátil u hojear sus libretas. Tampoco le mires mientras escribe: eso le pondrá nervioso.
2. No te sientas mal si se niega a enseñarte lo que escribe. Probablemente se debe a que aún no tiene la calidad suficiente para mostrártelo -a su juicio, claro- porque tu opinión le importa. 
3. Si no te gusta lo que escribe, díselo con mucho tacto. Los escritores son personas sensibles. Bueno, en realidad... a nadie le gustaría que echaran por tierra su trabajo, ¿no? Lo que debes hacer es apoyar tu opinión con una crítica constructiva.
4. Siguiendo la línea del punto anterior, no insultes a sus personajes. Es decir, puedes vacilarles y pincharles desde el buen humor -eso le gustará porque significa que vives la historia tanto como él-, pero nunca con saña. Los escritores se rasgan las vestiduras intentando crear personajes de los pies a la cabeza; insultándolos solo conseguirás que se ofenda y te mande a la porra. Y con razón.
5. Ten paciencia con sus nuevos proyectos. Tu escritor acudirá a ti con ojos brillantes, deseando contarte esa ida de olla que ha tenido mientras se duchaba... No le digas que es una mierda, que es una tontería o que hay millones de historias parecidas. Así le estás desanimando, aunque no lo hagas con mala intención. Planear una historia es complicadísimo, tanto o más que escribirla. Y si crees que tú puedes hacerlo mejor, ¡adelante!, pero respeta la ilusión y el trabajo de tu amigo.
6. Cuando el escritor hace pop, ya no hay stop. Y ahora tú, que has decidido meter las narices donde no te llaman, eres parte del desarrollo de la historia, de sus emociones y de sus secretos. Queda terminantemente prohibido poner cara de aburrimiento mientras te cuenta sus avances. Es posible que sea un poco brasas, sí, pero son las brasas de la ilusión, ¡y las está compartiendo contigo! No seas tan capullo de decirle que te aburres.
7. Si su historia te recuerda a una serie o una película con el mismo argumento... Aquí tengo sentimientos encontrados. Por un lado, dísela, y así podrá distanciarse de ella. Por otro... es un bajón tremendo saber que ya no eres original. En cualquier caso, siempre con cuidado.
8. Nunca compares sus historias con las de los demás. Cada escritor tiene su propio ritmo. Uno terminará su novela en un mes, otro en cinco, y algunos ni las terminan. No existe un proceso estándar para escribir.
9. Sé paciente cuando esté bloqueado. El peor enemigo de tu escritor es la página en blanco, y la mejor manera de superarlo es buscando inspiración en lo que le rodea: música, libros, series, personas... Cualquier detalle, por pequeño que sea, puede ser la clave para escribir un capítulo entero.
10. Alégrate cuando esté feliz y apóyale cuando esté triste. Y cada vez que termine algo, monta una fiesta en su honor.

*Este decálogo es apto para todas las disciplinas artísticas.

sábado, 2 de marzo de 2013

El armario del escritor

Así es la cabeza del escritor: desordenada, caótica, un armario de ideas sin fondo. Parece difícil encontrar algo concreto, pero nada más lejos de la realidad: buscar una pieza les cuesta dos o tres segundos. El problema está en que esa pieza se ha enredado con otra, y así sucesivamente, y es casi imposible trasladarla al papel sin llevarse tres por el camino. Ser cirujano es más fácil. Solo son vidas humanas, diría alguno.

Así es la cabeza del escritor: millones de piezas de millones de puzles. Casi todos están completos —allá lejos, un punto apenas visible… o rodeados de neón verde; en cualquier caso es lo mismo porque el escritor se ofusca y no ve lo que tiene delante— pero no lo saben. Y cuando quieren sacar una idea no lo hacen con cuidado, sino que vuelcan el armario y rebuscan como si nadaran en un mercadillo de rebajas. Ya lo veo: “¡ah, aquí está! Pero, un momento… ¿y esto? ¿Cuándo he pensado yo…? Pero igual…  No sé, si cojo esto y esto podría crear las subtramas… Ahora necesito un universo. ¡No huyas, cobarde!” Y una vez terminan, lo meten todo otra vez en el armario. Total, piensan, si nunca se llena. Lo que no saben es que sí se desordena y cada vez es más complicado ponerse una camiseta sin perder los pantalones.