viernes, 25 de enero de 2013

Hola, me llamo Mary Sue

...Y soy una facilona.

Ha llegado el día. Ayer por la noche estuve leyendo En el país de la nube blanca -que por cierto, ya casi he terminado-, y así como quien no quiere la cosa me puse a pensar en las protagonistas. Dos mujeres muy diferentes en un país desconocido, una cultura extraña y dos maridos que las esperan al otro lado del mar. Por no saber, apenas saben antes sus títulos que sus nombres. Y estas dos señoritas, mujeres de los pies a la cabeza, no tienen ni rastro de Mary Sue en sus venas. Sus pensamientos son razonables, y sus acciones, coherentes. La historia no cambia a su voluntad, sino que se adaptan a lo que les va sucediendo. Cuando me fui a dormir, llegué a la conclusión de que no todos los días te encuentras con esto; de hecho, lo normal es ver Mary Sues hasta debajo de las piedras. Dice Wikipedia:
Mary Sue o Gary Stu es un personaje ficticio en exceso idealizado y abiertamente identificable como el alter-ego del autor o del lector. Su principal característica es la de acaparar toda la atención de la historia y cambiar elementos importantes del argumento en su beneficio sin explicación alguna. Usualmente es un personaje sin defectos notables, cuyos aspectos positivos abruman todo su rol en la historia y lo vuelven unidimensional.
Vale, puede que esté exagerando y no haya tantos personajes abusivamente imbéciles sueltos por la literatura. Pero los hay, y a veces son para llorar. Siendo sincera, cuando empecé a escribir también lo hacía basándome en mis propios anhelos, en mis sueños y en mi "chico ideal", y se veía que con trece años aún me quedaba mucho por leer y mucho carácter que formar. También tuve mi temporada dedicada al fandom y sí, escribí muchos fanfics de nuevo basados en mi alter-ego. Pero entonces crecí y todo esto careció de sentido. Mis propios personajes no me gustaban, claro, ni tampoco el mundo que había ambientado para ellos, ni las reglas ni ese amor con tan poco parecido al real.

Pincha para saber si tu personaje es una Mary Sue
Cada uno escribe lo que es, pero dentro de unos límites. Yo puedo hacerlo sin pretensiones editoriales y abandonarme a mis propios fallos -al fin y al cabo no necesitas ser perfecto para disfrutar de ello-; lo que no puedo entender es que haya tantos libros publicados con personajes que, o bien ofrecen una personalidad estereotipada y lejana de la realidad, o crean un canon que se reproduce en la siguiente generación.

Seguro que a estas alturas todos tenemos en mente varios ejemplos de Mary Sues, Gary Stues, probablemente mi abuela y sus amigas tienen más personalidad que todos juntos. Y si no, ahí va uno: Anastasia de Cincuenta Sombras de Grey. Me pregunto cuántos mechones de pelo le caben detrás de la oreja. Y cuántos tortazos le habría dado por ser tan inútil. Es que... ¡un momento! ¿Su autora pretende que yo empatice con una chica que se anula a sí misma para gustar a otro hombre? ¿Una chica que sufre una transformación brutal en menos de treinta páginas? Y a su vez, su mundo gira en torno a un hombre deleznable que oculta un terrible secreto.

La peor justificación del universo
Un oscuro pasado. Probablemente un padre que no le quiso o una madre que rehizo su vida con otro hombre y eso nuestro protagonista masculino no lo puede permitir. Ese instinto posesivo y estúpido le obliga a dar un trato vejatorio a las personas que le quieren. Aun y todo, ella se enamora porque sabe ver lo que hay detrás de ese témpano de hielo y quiere cambiarle, quiere que sea quien realmente es: un hombre bueno al que amar y respetar. Sí, hace rato que dejé de hablar de Ana y Christian Grey. Estoy segura de que se os han ocurrido mil ejemplos más e igual de divertidos.

Lo que más me preocupa de este tipo de historias no es quien las escriba -mujeres que se quedaron en la edad de piedra, debe ser, porque yo no podría amar a nadie que me tratara como la mierda-, sino quien las lea. Los estereotipos están muchísimo más pronunciados en la literatura juvenil que en la adulta. Ella, torpe pero sexy, valiente pero asustadiza, solo una chica normal pero mide 1,70 y tiene la tez pálida con un cabello azabache que desciende por su espalda en unos grandes y preciosos bucles, y él tan misterioso pero sexy, imbécil pero sexy, un joven con esa mirada altiva que tanto odia ella, es arrogante, estúpido, pero la camisa ajustada deja entrever unos músculos bien definidos que podrían dejar a cualquier chica sin aliento. Excepto libros que podría contar con la palma de mi mano, esta es la realidad de la literatura juvenil, y de la adulta quizá, aunque no he leído tanta. Y me da miedo que los adolescentes busquen este tipo de modelos en sus relaciones, que les parezca bonito sufrir por alguien.

Las editoriales tienen una labor de formación para con los jóvenes. Deberían pensar menos en su negocio y más en aportar los valores adecuados. Y los escritores debéis ser objetivos con vosotros mismos: si vuestra novela no vale, guardadla en el cajón.