martes, 23 de abril de 2013

¡Feliz San Jordi, y feliz Día del Libro!

Las colas interminables, el barullo en las librerías, la gente petarda que anda como si la calle fuera suya -disciplina mundialmente conocida como body block-, los vendedores de rosas moribundas, propaganda política encubierta...

Lo cierto es que lo pasé genial cuando fui a Sant Jordi el año pasado, una mezcla maravillosa entre la compañía y el ambiente sobrecargado de literatura. Incluso la espera en la firma de Punset fue divertida, sobre todo porque se parecía más a un concierto. Solo faltaba Punset levantando las manos como un heavy y gritando: ¡buenos días, Barcelona! Y seguirle los demás a coro. Pero no. Todo fue horriblemente civilizado. Y así, claro, tengo sentimientos encontrados. Será porque odio las aglomeraciones, el ruido y cualquier forma de vida humana molesta. También me desesperan los ‘lectores por un día’, que son los que encabezan estas largas colas. Se ojean el ranking, leen un par de sinopsis y se llevan el libro de moda. Ah, y exigen su descuento del 10%, porque si no, ¡ay si no! Pobres libreros. Mis condolencias desde aquí.

Sin embargo…, sin embargo…  No puedo evitar contagiarme de la euforia. ¡Me alegro tanto de que existan los libros! ¡Soy tan feliz! Así que hoy puedo perdonar cualquier agobio porque es el Día del Libro, y de alguna manera, todos somos libros porque estamos hechos de historias.