martes, 17 de diciembre de 2013

Cuando los escritores se pierden

book-lover © tumblr
Soy de las que piensan que las profesiones más bonitas requieren creatividad. Y la escritura es todo creatividad más un plus de trabajo y perseverancia que no todos tenemos, o que tenemos a veces, por eso nuestro contador de palabras parece una montaña rusa. 

Pero no penséis que esta entrada va sobre la inspiración o sobre seguir adelante. No. Esta entrada es una queja incendiaria sobre cómo algunos escritores manchan la belleza de su oficio. Las palabras son hermosas y tienen un poder increíble; crean la magia a nuestro alrededor, otorgan consistencia a los mundos ficticios. ¿Por qué hay tanta envidia y tanta puñalada trapera? Pensé que no tendría respuesta, pero aquí está: porque quieren publicar a toda costa. Todos los escritores parecen simpáticos y abiertos hasta que les ponen un contrato de edición en las manos. Entonces olvidarán lo que hablaron contigo sobre mejorar el panorama editorial, sobre los libros caros, sobre las nuevas editoriales que ofrecen un salario de mierda... E irán corriendo a abrazar su ejemplar nuevo en el que pone su nombre. Sí, algunos escritores son unos ególatras. 

Los reconoceréis porque van en grupo y se promocionan entre sí. "Lee la novela de mi amigo, ¡es genial", dirán, y probablemente piensen que es un estúpido. No se la habrán leído, sin más, porque no les interesa. Porque van a lo suyo, a su libro, a sus ventas, a que su nombre esté en todas las librerías... O crearán historias conjuntas ambientadas en el mundo de uno de los escritores -el más listo- y dejará que el río limpie su cauce; así solo quedarán los mejores. O se habrán creado su propio apartado en la Wikipedia. O irán diciendo por ahí que son amigos de tal escritor de moda. O aceptarán triquiñuelas con los certámenes anuales de novela. O insultarán a los demás porque han cometido una falta de ortografía -y puestos a ser quisquillosos, si se ha equivocado sin querer es una errata. La falta de ortografía requiere el desconocimiento de la norma-. O tacharán la autoedición de fracaso. U ocultarán reseñas negativas que puedan empañar sus ventas. De esto también hablé en mi columna de FrikArte sobre la inseguridad de los autores consagrados:
Los escritores ‘amateurs’ piensan que la publicación es la meta final, un concepto erróneo, pues lo más importante en la vida no es llegar, sino mantenerse, y más en este mar de aguas turbulentas. Para mí, un escritor consagrado es el que no teme las embestidas del oleaje, el que continúa agarrando el timón a bordo de un Titanic cualquiera.
Porque algunos se creen muy listos. Usan las palabras en su beneficio, no importa si las están tiñendo de malas intenciones. Bien pensado, quizá se creen que los demás somos tontos y vamos a caer en su red de mentiras. No es que escalen en la montaña de la vida, es que suben gracias a otro alpinista y luego cortan su cuerda. Eso es ser un trepa. Tanto como escribir a pedido de la editorial o sobre lo que esté de moda en ese momento. 

Y esto es lo que pasa cuando los escritores se pierden. Olvidan que su oficio solo consiste en escribir, no en echar sapos y culebras sobre los demás, ni promocionarse con veinte tweets cada hora con frases ridículas sobre su novela, ni dar la chapa al prójimo, ni berrear un sinsentido sobre la piratería, ni... No quiero seguir. Solo espero que los hipócritas se den por aludidos y que los nuevos escritores -los honestos, los de verdad- sepan de quién rodearse.