lunes, 30 de junio de 2014

Un té con Haruki Murakami

Después de tomar el té, dimos un paseo
Haruki Murakami cuenta en De qué hablo cuando hablo de correr que si le preguntaran por las cualidades más importantes para ser novelista, diría tres: el talento, la capacidad de concentración y la constancia, cada una con sus propios problemas. El talento, sencillamente, es imprescindible porque "por muy bueno que sea un coche, si no tiene ni una gota de combustible, no arrancará nunca", y su principal inconveniente es que los que poseen el talento no saben controlar ni calidad ni cantidad. Cantantes de rock o compositores como Mozart, que derrocharon su talento en poco tiempo "para luego morir de forma dramática a temprana edad", no deberían servir de referencia para el resto de los mortales. Supongo que porque aspiramos a tener arrugas.

Pero sin concentración, explica el escritor nipón, no se puede lograr nada. "Por mucho talento que tenga un autor y por muy llena que tenga la cabeza de ideas para escribir novelas, si, por ejemplo, le duelen mucho las muelas, seguramente no será capaz de escribir nada. Y es que un dolor fuerte inhibe la capacidad de concentración". Es curioso cómo entrelaza la escritura con su afición a los maratones, pero lo que destacaría es su forma de tender puentes entre los lectores no familiarizados con el acto de correr y sus experiencias. Murakami lanza una imagen que todos podemos visualizar.

La constancia es la llave para mantener un buen ritmo, que no tiene número fijo de palabras ni de novelas o relatos al año. Cada uno tiene el suyo. Conocernos, explorarnos, diría, es el primer paso para dar con el ritmo adecuado. "Aunque uno pueda escribir con concentración durante tres o cuatro horas al día, si no es capaz de mantener ese ritmo durante una semana porque acaba extenuado, nunca podrá escribir una obra larga". Y de nuevo usa un símil: la respiración. "Si la concentración consistiera solo en contener profundamente la respiración, la constancia consistiría en aprender el truco para ser capaz de ir respirando, lenta y silenciosamente, al tiempo que se contiene la respiración. Si no hay equilibrio entre esos dos factores, inspiración y espiración, resulta muy difícil dedicarse a escribir novelas durante muchos años. Hay que ser capaz de seguir respirando mientras se contiene la respiración".

Y una cita:
Terminar de escribir un libro se parece más al trabajo físico. Por supuesto que, para escribir un libro, no es necesario levantar grandes pesos [...] Por eso la mayoría de la gente, que solo ve el exterior, cree que el trabajo de novelista es una tranquila labor intelectual de despacho. [...] Y es que, aunque realmente el cuerpo no se mueva, en su interior está desarrollándose una frenética actividad que lo deja extenuado. Los novelistas, envueltos en el ropaje de nuestras 'historias', pensamos con todo el cuerpo.

martes, 17 de junio de 2014

T.A.R.Á.N.T.U.L.A.

MrDream © DeviantArt
El tótem de hierro chirrió y se desplomó con un ruido opaco. La hiedra había serpenteado hasta su corazón acerado, lo había retorcido, amordazado, asfixiado, absorbido. El cañón se desprendió de una de las extremidades, cayendo al suelo junto al amasijo metalizado. El charco de óxido se esparció rápidamente por la esquina clareada del sotobosque. Cuando Arenisca volvió allí una semana después, el tótem se había transformado en la guarida improvisada de unos gatos. No quedaba rastro gris en la superficie ni relieve que la naturaleza no hubiera suavizado con su incandescencia; el metal era blando, inofensivo. Ya no era metal.
Arenisca subió de un salto al tótem, aunque levitó justo antes de poner un pie encima de él. Los gatos dormitaban y no quería despertarlos. Se acomodó frente al mar que se abría unos metros más abajo. Si oteaba con los ojos entrecerrados, vería una hilera de ruinas a punto de ser devoradas por la madretierra. Antaño pertenecieron a los apartamentos con vistas privilegiadas de T.A.R.Á.N.T.U.L.A. Hoy no eran nada. Como la ciudad que desapareció en la invasión. El río volvía a su cauce, los árboles perseguían el horizonte vertical, el musgo retomaba su camino hacia el norte, los helechos siseaban bajo troncos húmedos, las flores ululaban al ritmo de la brisa fresca.
Arenisca echaba de menos su antigua casa en la ciudadela de T.A.R.Á.N.T.U.L.A., pero el aire puro hinchando sus pulmones le hacía pensar que quizá, y solo quizá, la madretierra no era tan mala.
*      *
He escrito el microrrelato a raíz de la imagen que encabeza la entrada, ésta y ésta otra. Gracias a @LauraTejada, @isouru y @detectiveazul por la colaboración. 

sábado, 7 de junio de 2014

La paradoja o por qué poner punto final es importante

La autora nadando entre historias
¡Atención! Estoy reflexionando...

Empecé a escribir desde que tengo memoria. Recuerdo que mi primera historia era un calco descarado de La pajarería de Transilvania y Gárgolas y ni siquiera la terminé. No sé en qué momento me planteé mis propias historias (y creo que siempre estoy influenciada por alguna corriente), pero no paré de escribir desde ese el día D hasta bien pasada la adolescencia. Para mí eran todo novelas. Grandes. Enormes. Cogía una idea y la desmenuzaba en cien o doscientas páginas hasta que se me ocurría algo mejor y la abandonaba en el ordenador. Así sucesivamente con los ahora veintiséis proyectos a los que nunca puse punto final. Por aquel entonces no me importaba demasiado porque escribía por escribir, por imaginar, pero sin ningún aliciente. Cuando empecé a preocuparme por dejar las cosas a medias, el caudal de palabras disminuyó tanto que pensé que se había secado. A esas alturas, lo más lógico era decir que había dejado de escribir. Un poco irónico, porque solía fantasear con ser una profesional.

Pero la vida sigue. El deseo loco que tenía por publicar se marchitó conforme aprendía sobre gramática y edición y desapareció por completo hace unos años. Ahora estoy enfocando mis esfuerzos en terminar proyectos de cualquier envergadura. ¿De qué me sirve pensar en publicar, publicar y publicar si tengo tres cuartas partes de mi haber a medias? Es fácil llegar a esta conclusión, pero no tanto llevarla a cabo.Y para alguien que se maneja muy mal con los plazos y con "terminar" cosas, ese esfuerzo me costará la vida entera. Lo curioso de todo esto, veréis, es que antes escribía novelas larguísimas, con tramas y subtramas y subsubtramas y ancha es Castilla, y ahora me siento realizada con novelas cortas (o relatos largos, que dirían algunos; hoy no me apetece discutir) y relatos. Para estos últimos tengo que dar las gracias a mis editores, porque sin ellos no escribiría una gota. 

Lo que quiero decir es que a veces la vida es muy paradójica. Ahora que tengo madurez suficiente para enfrentarme a lo editorial, el ansia ha desaparecido, y las cataratas en las que me ahogaba se han convertido en ríos más modestos. Pero nado a gusto.

jueves, 5 de junio de 2014

Música para escribir ciencia-ficción

Sí, la cabra siempre tira al monte
¡Buenas noches! O días, depende de a qué hora lo leáis. Como ya os comenté, he estado a tope con un relato-novela-corta de ciencia-ficción. ¿A qué viene esto? Pues a que durante esos once días de escritura he creado una lista de reproducción con un montón de canciones que consiguen esa inmersión en una nave espacial abandonada, en un momento de tensión, en una batalla, en la exploración más silenciosa... Aunque suelo escribir en silencio, algunas veces necesito algo de melodía para recrear el ambiente. Siempre es instrumental, y lo suelo poner a un volumen bajo; casi se oyen más las teclas que la música, pero para mí es ideal. Cuando paro un momento para pensar, oigo la canción. Y me ayuda a encauzar la situación. ¿Dónde está la lista, la lista? Está aquí.

El caso es que pensé en vosotros. No sé si sois muy de ciencia-ficción, pero si os gustan las instrumentales tranquilas, seguro que os gusta. La lista cuenta con Kenji Yamamoto & Minako Hamano (Metroid Prime), Cliff Martinez (Solaris), Michael Nyman (Gattaca), Mike Oldfield con su The songs of distant Earth, Vangelis (Blade Runner) y Jack Wall (Mass Effect) entre otros. La lista se irá agrandando poco a poco, así que cualquier sugerencia será bienvenida. De hecho, estaría encantada de que me propusierais nuevas canciones o discos.

Si habéis clicado ya en la lista, veréis que no es mi usuario habitual (Sparda o Eleazar Escribe); estoy usando la cuenta de mi pareja pero es indiferente. Si no tenéis cuenta en Grooveshark y queréis estar al día, la dejáis en marcadores; si no, seguid al usuario.

Reconozco que la música es un empujoncito en momentos en los que debo sentarme a escribir. Por plazos o por constancia; a veces (siempre) me tiraría en el sofá sin hacer nada, pero entonces no existiría el trabajo terminado. La música tiene esa capacidad de crear atmósfera que nadie debería desaprovechar. Este es mi granito de arena.