martes, 28 de octubre de 2014

Entrevista a la Editorial Valinor (2 de 2)










En la primera parte de la entrevista a los editores Valinor hablamos sobre sus lecturas influyentes, los criterios a la hora de valorar un manuscrito y la importancia de contestar a los autores tanto para dar una respuesta positiva como negativa. Violeta Moreno afirmó que muchas editoriales bombardean a los lectores "con productos poco originales que intentan aprovechar el tirón de obras triunfadoras". Si queréis saber qué se dijo en la segunda parte, seguid leyendo. :)

miércoles, 22 de octubre de 2014

Entrevista a la Editorial Valinor (1 de 2)

Violeta Moreno: "Nos bombardean con productos poco originales que intentan aprovechar el tirón de obras triunfadoras"


Logo e imágenes cedidas por la editorial











A estas alturas muchos de vosotros ya conozcáis a la Editorial Valinor. Abrieron sus puertas hace un año a la edición digital con el entusiasmo propio de un equipo joven y lleno de nuevas ideas: Jessica Tornos, Myriam Crespo, Violeta Moreno y Diego Bober. En septiembre de este mismo año anunciaron las novelas y autores que estrenarán su catálogo: La casa de cruces, de David Halegua, una novela de terror sobrenatural "en un paisaje oscuro, lúgubre y lleno de secretos" en palabras de los editores; Los del otro lado, de Sigrid K. Halvorsen (trad. M. C. Mendoza), autora ha saltado entre muy diferentes géneros, como la romántica, el terror o la fantasía steampunk; Memorias del tercer nacimiento, de Magín Méndez Sanguos, enmarcada en el entorno de ciencia ficción; y El libro del único camino, de Silvia Pato, que transportará al lector a un mundo de fantasía y magia a través de un libro de oscuras intenciones. Y si esto no os parece suficiente, los editores llevan de forma paralela la Revista Valinor, que alberga tanto relatos de escritores noveles como ilustraciones y artículos de diversas disciplinas artísticas. Tras el salto, la primera parte de la entrevista con los editores Valinor.

jueves, 16 de octubre de 2014

Fulgor

Fuente
Los casquillos de bala restallaban contra el suelo, pero ella no podía oírlos. Cambiaba de cartucho cada tres o cuatro segundos. Lo que duraran. Los disparos retumbaban con fiereza en sus oídos, aunque cualquiera que se aproximara sabía que Juárez estaba muy lejos de allí.
Tenía el rostro contraído de rabia. La mandíbula apretada, los dedos crispados en torno al gatillo, el cuerpo en tensión. Sus ojos irradiaban fuego desconocido, y te aseguro que Juárez es capaz de quemarlo todo, incluso a sí misma, con tal de olvidar sus pesadillas.
Una bala por cada recuerdo. La pistola se estremecía violentamente.

lunes, 13 de octubre de 2014

Eleazar, ¿qué ven tus ojos de autora?


Si el título no os ha llamado la atención, nada lo hará. Me apetece comenzar la semana con una entrada personal, alejada de la línea habitual de curiosidades y técnicas literarias. Sabéis que soy de reflexionar sin un motivo concreto.

No recuerdo el día que empecé a escribir. Tampoco lo que escribí, pero sí por qué: quería dar distintos finales a mis series preferidas. ¿Cuáles eran? Pokémon, Digimon, La pajarería de Transilvania, Escaflowne, Gárgolas... y un largo etcétera. Luego de algunos años comencé a construir mis propias historias, la mayoría influencia directa de lo que leía, veía y jugaba. Solo de adolescente surgió la idea de convertir la escritura en algo más, aún no sabía qué. Un camino del que no quería desviarme nunca o una carrera de fondo en la que todos los competidores eran yo; una ambición profesional, de eso no cabía duda. De los quince a los diecinueve escribí sin control y sin miedo y casi todo se quedó sin punto final, pero lo más importante es que el sendero del aprendizaje se traza solo a través del ensayo y error, y no sería la Eleazar que os habla ahora sin haber tropezado mil veces. Durante esos años se forjó mi deseo de convertirme en escritora "publicada". De ahí el fervor, seguramente. Más adelante cambió mi percepción: ser escritora es tener una profesión a la que dedicar horas y horas. Nadie me iba a tomar en serio si no lo hacía yo, así que creé una fórmula mágica que además sirve para muchas otras cosas en la vida: proyecto = constancia + disciplina. Si solo eres disciplinado a veces, terminarás a trompicones; si te sientas todos los días a escribir pero la mitad del tiempo lo pasas en internet, tardarás el doble de lo previsto, y probablemente será un trabajo lleno de altibajos. En resumen: me tomé escribir como la realidad que es para unos y el sueño que es para otros.

En medio de la vorágine de las redes sociales, refugio para las voces de muchísimos escritores que buscan encontrar su lugar en la literatura más tradicional, averigüé también que el exceso de ruido entorpece la creatividad. En otras palabras, pasar demasiado tiempo discutiendo y cotilleando no sirve para nada. ¿Qué importa a partir de cuántas palabras se considera novela larga o 'novella' (o novelette, ¡hay tantos temas para perder las horas...!)? ¿O quién está a favor o en contra de la piratería? No me gustan los patios de recreo, pero es verdad que cada cual es libre de invertir su tiempo en lo que quiera. Facebook y Twitter también son escondites para editoriales fraudulentas, revistas literarias, proyectos de gran envergadura abiertos al público... Las posibilidades son inmensas, pero he visto a más de una persona perderse en esta inmensidad. No es sano. Como tampoco lo es dar la espalda a la difusión que las redes sociales pueden proporcionar.
© Michael Hirshon
Supe de todo esto sin dejar de escribir, porque no puedo dejar de escribir como tampoco puedo dejar de comer pipas. Es una adicción. Liberadora e intensa. Sufrida, por supuesto. Decía Murakami que escribir es un esfuerzo físico y mental que nos deja agotados. Probablemente incluso sea más complicado para los que escribimos que para los que no. En periodismo los profesores solían decirme que era incapaz de precisar la información en un texto. Me iba a fuego por los cerros de Úbeda, y todo el mundo sabe que son igual de traicioneros que el triángulo de las Bermudas. Al final aprendí, claro, pero a base de colocar la rigurosidad por encima de las figuras literarias (al menos en el periodismo más estricto). En cualquier caso, nunca veo el acto de escribir como algo sencillo. Somos hijos de lo audiovisual. Este formato ha condicionado y condicionará la literatura futura. Es difícil crear un párrafo tan compacto como una imagen. ¿Estamos trasladando inconscientemente la inmediatez y la cinemática al estilo? La respuesta más honesta que puedo ofrecer es que no lo sé, pero no es la primera vez que pienso en ello.

Soy autora. ¿De qué? De una centena de relatos y cinco novelas (que no tienen por qué ver la luz solo por el hecho de estar terminadas). Y la situación no puede ser más emocionante: estoy metida de lleno en un proyecto personal que mezclo con otro de diferente extensión y con el crowdfunding de Pulpture. Ambos son saltos cualitativos con respecto a lo que hacía antes; digamos que está siendo como saltar al vacío gritando "¡yija!"y confiar en que la caída no llegue nunca. Ese segundo de euforia en medio del abismo. Ese instante donde lo ves todo alto y claro y por el que volverás a saltar. Eso también es escribir. O vivir.

Un grito sincero: ¡os necesitamos!
Soy autora. Desde que lo decidí, no he necesitado concursos ni crítica que me avalen, y sé mejor que nunca que la escritura es una carrera de fondo. La sinestesia dice que "escritura" es azul, roja, blanca y marrón, bandera un tanto extraña pero que alzo sin miedo al descrédito. Viene a ser un "¡que os den!" muy diplomático porque a veces me da por ahí. Y desde que soy autora, yo hago las preguntas. Yo escojo la dificultad de lo que hago. Yo escojo las palabras. Y esa es una de las razones por las que unos días es más fácil escribir que otros.

Soy autora en un periodo donde proliferan obras, autores, historias, ideas, editoriales, conflictos, enemistades, apoyo, promesas, futuros. Para algunos esta abundancia es objeto de crítica: "ya no se lee tanto" (se lee más), "los e-reader son el demonio" (se lee mejor), escoged vuestra preferida y contestadla como más rabia os dé. Es innegable que los tiempos están cambiando, pero ¿qué sería de nosotros si nada cambiara nunca?

miércoles, 8 de octubre de 2014

El 'unreliable narrator' o narrador no fiable

ipoenews © tumblr
¿Qué sería de nosotros si no pudiéramos fiarnos de lo que nos cuentan? ¿Si las palabras formaran parte de una perspectiva sesgada, un engaño a propósito, una forma de desviar nuestra atención de lo realmente importante? ¿Cómo leemos un libro en el que la mentira está presente... o no? ¿Deberíamos sentir alegría cuando el narrador dice que el protagonista se alegra? Estas preguntas son algunos de los muchos juegos que proporciona el narrador no fiable, o en inglés, el 'unrealiable narrator'.

Cuando leemos un libro, establecemos una relación de confianza implícita en la que el narrador nos cuenta la verdad y nosotros no ponemos en duda lo que dice. Es un ejercicio que hacemos sistemáticamente; vivir cada página cuestionando a quien nos cuenta una historia puede ser agotador y agobiante al pensar que lo que estamos leyendo no es real, lo que a su vez nos da pie a nuevas interpretaciones. Pero precisamente esta confianza ciega permite el engaño. Algunas veces es fácil detectar que estamos ante una visión extremadamente subjetiva, como por ejemplo si leemos un punto de vista (desde ahora, POV) en primera persona, pero la verdadera dificultad reside en detectar si el narrador omnisciente nos está engañando. O en disfrutar del engaño, así sin más.

¿Por qué no deberíamos fiarnos del narrador? A veces, como he comentado en líneas superiores, trata de desviar nuestra atención porque es parte culpable en la historia (y no lo sabemos); en otras simplemente está loco y aunque diga la verdad, su testimonio no se corresponde con la realidad.  Si habéis visto la serie Hannibal, el momento en que el propio Hannibal le pide que dibuje un reloj de aguja en un folio y al principio el espectador ve por encima del hombro de Will Graham que su reloj es perfecto. Sin embargo, el siguiente plano nos muestra que en realidad el reloj es... una chufa. Y está loco. Esta técnica es conocida como Through the eyes of madness, y es una variación del unreliable narrator.
A la izquierda, lo que cree Will que hace. A la derecha, el resultado.
Hay otras, como el Innocent Inaccurate, donde el narrador dice la verdad pero por falta de información o por error no entiende lo que ha pasado y saca conclusiones erróneas. Para el POV en tercera persona pienso en Harry Potter. A lo largo de la saga el nos han pintado a los slytherins como los más malos del lugar. ¿Se debe a que Harry les odia o a que están más próximos a las garras de Voldemort, y por tanto, no son de fiar? Otro narrador curioso es el de La niña que recorrió Tierra Fantástica en un barco hecho por ella misma. Habla de tú a tú con el lector y suelta ciertas pinceladas de lo que le ocurrirá a Septiembre. Algunas son confusas a propósito. ¿Cómo lo sabe? ¿Quiero saber quién es en realidad? Igual prefiero no saber a cambio de mantener la magia. En cualquier caso, aquí tenéis una lista de Good Reads bajo la etiqueta unreliable narrator.

El narrador no fiable también se ha extrapolado a otros formatos, como las películas o los videojuegos. Se me ocurren Memento y Prince of Persia: las arenas del tiempo. En el primero, el protagonista es un hombre que ha perdido la memoria a corto plazo desde que mataron a su mujer y quiere encontrar al asesino. El pequeño handicap es que una vez pasan cinco minutos no recuerda nada de lo que estaba haciendo, lo que convierte al hombre en un desastre con patas, y a la película una fumada digna de revisionar cada año. En el segundo, si habéis jugado, sabréis que el príncipe hace de narrador y va contando la historia conforme avanzamos. Así que cada vez que morimos él rectifica: "no, esto no es lo que ocurrió" y volvemos al punto de control. Yo me imagino un jugador patoso muriendo muchas veces y el príncipe en plan: "... y después me lancé al vacío desde la torre. No, un momento, no fue así. Qué despiste. Lo que pasó en realidad es que corrí hacia el balcón para huir de mis enemigos, pero tuve un despiste y me caí... otra vez... No, no, ¿en qué narices estoy pensando? Lo que realmente pasó, de verdad de la buena, es que apreté cuadrado en vez de círculo y en vez de atacar salté por los aires. Es complicado. No te aburro, ¿no?" El Prince of Persia es tan útil que también lo utilicé para mi trabajo de narratología en los videojuegos.

Clic para ampliar.
Bueno, y ¿qué pinta el autor en todo esto? Personalmente creo que es más cómodo partir de la base de que todo lo que voy a contar es cierto porque ya tengo suficiente con vigilar la trama, los personajes, el ritmo, las palabras... Pero al mismo tiempo es una puerta a la lectura doble y a la interpretación, conceptos que me encantan y que dan mucha profundidad a un texto. Escritores, toca experimentar. Lo único que yo tendría en mente es que no hace falta que el narrador esté mintiendo todo el rato; solo necesito un par de verdades a medias para demostrar que la realidad tiene huesos de cristal.

jueves, 2 de octubre de 2014

Librerías que molan




Si esta fuera una entrada normal, os hablaría de las librerías con diseños imposibles. Pero hoy me apetecía orientar esta entrada hacia esa dirección que todos nos hemos aprendido alguna vez y ahora reproducimos sin pensar: el camino hasta nuestra librería preferida. Sí, así es. Quiero reivindicar la importancia de las tiendas pequeñas en cada ciudad. ¿Quién no conoce una o dos librerías pequeñas y acogedoras donde el personal es tan simpático que te dan ganas de abrazarlos o que te recomiendan sus libros preferidos cuando llegas y no sabes qué comprar?

Me gustaría que pensáramos más a menudo en las librerías locales. ¿Qué hacen para convertirse en lugares especiales? Para mí, se resume en una cosa: tratar con cercanía a los clientes. O incluso no tratarlos como clientes (en el sentido de venderles algo a toda costa) sino como conocidos que buscan próxima lectura o recomendaciones para regalos. Porque

En general, si no tengo lectura y estoy atascada en un aeropuerto, seguramente acabo comprando en la mítica Waterstones. Pero si me estoy dando el lujo de ir a comprar un libro porque me apetece, suelo ir, concretamente, a dos librerías. Las dos primeras están en Vitoria: una pertenece a una cadena nacional y solo voy de lunes a viernes en el turno de mañana porque hay una librera que me alegra los días. Así, sin más. La segunda se llama Anegón, un híbrido entre librería y papelería con capacidad para diez u once personas. ¡Pero conozco más en otras ciudades! Argot en Castellón, o la Gómez en Pamplona... Reconozco que tienen poco de lo que a mí me gusta, pero no tardan ni tres segundos en hacer un pedido.

Sé que esa disponibilidad inmediata y la atención al cliente personalizada forma parte de la estrategia de venta; las tiendas pequeñas deben afianzar clientes para sobrevivir. Si no, serán absorbidas por macrosupermercados que lo mismo te venden el último de Ken Follet que zapatillas de animales. Y que conste que me encantan las zapatillas de animales. La gran maldad de los grandes almacenes es que se saltarán las fechas de lanzamiento de juegos, libros y otras formas de ocio a veces sin pensar, otras para hacer la jodienda a la tienda especializada que está al final de la calle.

Puede que sea un gesto minúsculo hacia los vendedores que luchan por llevar su negocio a puerto, pero la vida está hecha de pequeños momentos, pequeñas acciones... Estas son las mías. Por eso os propongo llevar esta campaña más allá, a vuestros blogs, a facebook, a twitter... y que recomendéis con orgullo librerías que molan.