domingo, 16 de febrero de 2014

Sinestesia

Daniel Fortiz © tumblr
La lengua puntiaguda arañó el techo.
Ya no podía soportarlo; el monstruo goteaba pintura desde una esquina. Se había adueñado de su descanso y ahora relamía restos de paciencia. Para vencer, ella tenía que igualarlo en fuerza. Su mente contenía un arma tan poderosa como frágil. Así, se imaginó que la habitación quedaba en silencio y que las formas desaparecían y que los engranajes dejaban de rodar y que los colores se apagaban al contacto de la nada con la nada. Hubo un momento en que la coraza cayó y Ruido se abalanzó sobre ella, pero la rehízo hasta que cayó muerto.
Volvería, eso seguro.