jueves, 2 de octubre de 2014

Librerías que molan




Si esta fuera una entrada normal, os hablaría de las librerías con diseños imposibles. Pero hoy me apetecía orientar esta entrada hacia esa dirección que todos nos hemos aprendido alguna vez y ahora reproducimos sin pensar: el camino hasta nuestra librería preferida. Sí, así es. Quiero reivindicar la importancia de las tiendas pequeñas en cada ciudad. ¿Quién no conoce una o dos librerías pequeñas y acogedoras donde el personal es tan simpático que te dan ganas de abrazarlos o que te recomiendan sus libros preferidos cuando llegas y no sabes qué comprar?

Me gustaría que pensáramos más a menudo en las librerías locales. ¿Qué hacen para convertirse en lugares especiales? Para mí, se resume en una cosa: tratar con cercanía a los clientes. O incluso no tratarlos como clientes (en el sentido de venderles algo a toda costa) sino como conocidos que buscan próxima lectura o recomendaciones para regalos. Porque

En general, si no tengo lectura y estoy atascada en un aeropuerto, seguramente acabo comprando en la mítica Waterstones. Pero si me estoy dando el lujo de ir a comprar un libro porque me apetece, suelo ir, concretamente, a dos librerías. Las dos primeras están en Vitoria: una pertenece a una cadena nacional y solo voy de lunes a viernes en el turno de mañana porque hay una librera que me alegra los días. Así, sin más. La segunda se llama Anegón, un híbrido entre librería y papelería con capacidad para diez u once personas. ¡Pero conozco más en otras ciudades! Argot en Castellón, o la Gómez en Pamplona... Reconozco que tienen poco de lo que a mí me gusta, pero no tardan ni tres segundos en hacer un pedido.

Sé que esa disponibilidad inmediata y la atención al cliente personalizada forma parte de la estrategia de venta; las tiendas pequeñas deben afianzar clientes para sobrevivir. Si no, serán absorbidas por macrosupermercados que lo mismo te venden el último de Ken Follet que zapatillas de animales. Y que conste que me encantan las zapatillas de animales. La gran maldad de los grandes almacenes es que se saltarán las fechas de lanzamiento de juegos, libros y otras formas de ocio a veces sin pensar, otras para hacer la jodienda a la tienda especializada que está al final de la calle.

Puede que sea un gesto minúsculo hacia los vendedores que luchan por llevar su negocio a puerto, pero la vida está hecha de pequeños momentos, pequeñas acciones... Estas son las mías. Por eso os propongo llevar esta campaña más allá, a vuestros blogs, a facebook, a twitter... y que recomendéis con orgullo librerías que molan.