jueves, 17 de noviembre de 2016

Heredero del invierno, de Mariela González

Empecé pensando que la novela que tenía entre las manos era un déjà vu de otras tantas historias con una sinopsis general sobre ladrones: está bien, me gusta, es entretenido. Sin más. Por si fuera poco, después de muchas lecturas de ciencia ficción, el contraste con el estilo de la autora me dejó más de una vez pensando si me gustaba o no. Spoiler: ¡sí! ¡Y mucho! Gracias mil a la editorial por el ejemplar.
La noche del golpe que tan cuidadosamente habían planeado cambiaría sus vidas para siempre. Aunque Llyra, con toda su experiencia como miembro de la hermandad de los ladrones, nunca hubiese imaginado hasta qué punto. Una frenética huida, una violenta emboscada y la aparición inesperada de un huraño encapuchado serán solo el principio de un viaje que la llevará al territorio de las leyendas, y a recuperar lo que creía perdido de su propio pasado.
De Heredero del invierno me gustaría destacar a los personajes, el estilo y la ambientación. Llyra y La Sombra, los protagonistas, se desarrollan a medida que los acontecimientos les obligan a cuestionar sus actos continuamente. Sus demonios personales, su equipaje a la espalda, condicionan la forma de relacionarse entre ellos. La autora plantea dudas morales y cambios de planes que si bien a veces no tenía muy claro a dónde se dirigían y por qué, tienen un efecto positivo en la trama. Como lectora he disfrutado bastante, sobre todo las pequeñas apariciones de Delsar. Ya sabréis por qué.

Esta evolución amable y coherente se sitúa en un mundo medieval de corte fantástico en el que la Magia (con mayúscula) no es algo frecuente, o al menos esa es la sensación que me dio a mí; los Magos existen más allá de las convenciones sociales a las que los ciudadanos de a pie y ladronzuelos están acostumbrados. Y… no quiero entrar en detalles por miedo a spoilers, así que imaginad un tríptico: la ambientación se despliega suavemente y la información aparece en el momento preciso en que el lector la necesita. La inmersión, por tanto, es buena, pero no lo sería tanto sin una narrativa que la acompañe.
Poco a poco se advirtieron en la lontananza las siluetas de un grupo de enormes árboles. Eran muy superiores en altura y grosor a todos los que hubieran visto hasta entonces. Cuanto más se aproximaban más se convencían los dos extranjeros de que no podrían ver un prodigio semejante en ningún lugar de las tierras exteriores. Llegaron por fin junto a uno de ellos: ejemplares de color marrón oscuro, recios, imponentes. Para abarcar su tronco harían falta al menos diez hombres. Las ramas, intrincadas como los ensortijados cabellos de un gigante, conformaban un amplio techo sobre sus cabezas, más allá de donde alcanzaba su vista.
Como dije antes, el estilo de Mariela González me dejó indecisa durante unas páginas, quizás porque llevaba una racha de libros con descripciones directas o poco introspectivas (ideales para lo que leía en ese momento). En Heredero del invierno, la autora se detiene a contemplar matices que enriquecen los paisajes, gestos que colorean aún más el relieve de los personajes y las razas. Las escenas de acción son muy dinámicas; los movimientos, precisos. Mientras escribo esta reseña la propia autora me ha contado que practica kenjutsu e iaido. ¡Ahora lo entiendo todo!

Cosas que he echado en falta: un mapa y mayor claridad. El mapa, por razones obvias, y es que me habría ubicado mejor por el camino que van recorriendo, aunque sea general. Con mayor claridad me refiero a que, sí, la Sombra se enfrenta a un cambio radical en su vida y no tiene ni idea de lo que debe hacer o incluso de cómo sentirse y la autora lo transmite perfectamente, pero al mismo tiempo me he sentido un poco veleta, leyendo sus aventuras según donde les marque el viento. Luego, cuando consiguen centrarse, el resto va sobre ruedas.
En aquellos tiempos nadie podía ser juzgado por su apariencia. Jóvenes imberbes resultaban ser poderosos hechiceros. Soldados con pinta de simio acometían hazaás. Compañeros que habían prometido lealtad de por vida rompían el juramento por un puñado de joyas, y leyendas infantiles aparecían vivas en la noche.
Heredero del invierno es, ante todo, una novela de personajes. Enseguida se saben el pilar argumental y en torno a ellos se arremolina un destino que les trae nubes de tormenta. Supongo que por eso Mariela González los ha descrito con tanto mimo. Ellos, sumado a un estilo colorido, dan como resultado una historia de ladrones que se desliga bastante de su género y de sus lugares comunes. Y por si fuera poco, puede existir un medievo sin una sola referencia sexista. ¿Algo más? Sí: que siga escribiendo.